clases de yoga

Mostrando entradas con la etiqueta Advaita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Advaita. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de septiembre de 2018

¿Qué es estar iluminado/a?


Cuanto más lejos situemos el objeto que nos ocupa, sea este la iluminación o cualquier otro, más podremos hablar de él, filosofar entorno, venerar, engrandecer, hacer como que conocemos y sabemos algo. Esto es, precisamente, lo que mejor hace el ego: pretende y crea separación, engrandece y empequeñece; dualiza.

Sobre todas las cosas, al ego le interesa crear separación en el Ser, algo que es verdaderamente imposible y sólo una ilusión en la que creemos para mantener una idea de identidad bajo las garras del miedo. El miedo del ego a desaparecer, a ser desenmascarado. Y es que sólo es eso, una máscara, una forma prestada.

En realidad, la iluminación no puede ser un objeto o un concepto, no puede estar lejos ni cerca, ya que es el estado natural del Ser, nuestro estado natural, donde sujeto y objeto se funden. Es la realidad que sustenta y da origen a todo. Es el SENTIR la conexión y la Unidad del Universo, manifestado y no-manifestado. 
Este estado se revela únicamente ahora, en la presencia donde el nudo del ego, que entrelaza una idea de pasado y de futuro, se deshace por completo. 
Al permitirte sentir plenamente, el Alma recupera su estado natural de consciencia y plenitud. Vuelve al hogar.

El camino hacia la iluminación es un camino de deshacer, desmontar y desaprender; un ir quitándose capas y capas de disfraces, ilusiones, identificaciones... Hasta vislumbrar la esencia y hacer de ella lugar de residencia.

Eckart Tolle, en su famoso libro El poder del Ahora, enumera distintos portales de acceso al Ser, estos son: el Silencio; el Espacio; la Rendición y, por supuesto, el Ahora, la entrega completa al momento presente (y aun hay más). Todos ellos forman parte del Camino del Yoga o camino a la Unidad.

¿Ah, y el Amor? El Amor no es un portal. El Amor mana, fluye e impregna toda la realidad en cuanto uno de estos portales se abre. ¿Vamos? :)

sábado, 2 de junio de 2018

AVIDYA y el sueño de MAYA


Para comprender el objetivo de la meditación y del yoga, resulta muy interesante y casi necesario acercarnos a algunos de los conceptos importantes de la tradición hindú y budista, ambas provenientes de la cívilización védica o protovédica, sistemas filosóficos y espirituales con raíces tan antiguas como la humanidad misma.

Comprender los conceptos nos sirve de puente. Avidya esta formado por el prefijo negativo a- y la palabra vidya, que significa "ver, saber, comprender". Vidya deriva de la raíz porto-hindoeuropea weid, de la que también deriva el latín videre (ver) o el inglés wit. 
Aunque es bastante común que se traduzca avidya como ignorancia, muchos autores apuntan a que esta traducción no es adecuada, ya que avidya es más bien una no-sabiduría, un oscurecimiento de la percepción que genera una visión equibocada de la realidad. Señala la confusión fundamental entre lo permanente y lo impermanente que, según Patanjali, auntor del texto más clásico del yoga, los Yoga-Sutra,  es el principal obstáculo para el yoga (como estado de realización del ser). Aquél que vive en avidya cree que el mundo impermanente captado por los sentidos y proveniente de los estados mentales es la realidad última. El objetivo de la práctica del yoga es eliminar las perturbaciones de la mente para que ésta sea capaz de abrirse a la dimensión permanente del mundo, Espíritu o Dios.
Avidya es la contraparte de otro concepto muy importante en la tradición hindú, maya, que suele traducirse como ilusión, sueño o irrealidad y que hace referencia al cosmos creado y al mundo tal como lo vemos. Así como avidya refiere a una falta de comprensión desde el sujeto; maya se refiere al mundo fenoménico mismo como ilusorio. Sin embargo Maya tambiéne es una diosa y una fuerza creadora y milagrosa, madre de la propia muerte (Mritiu). Para algunos místicos esta manifestación es real. Cada persona u objeto físico, desde la perspectiva de la eternidad, es como una breve y perturbada gota de agua en un océano sin límites. La meta de la autorrealización espiritual es entender esto, sentir intuitivamente la diferencia entre el yo y el universo como una falsa dicotomía; puesto que la idea de que la conciencia y la materia física, o la mente y el cuerpo son cosas diferentes, es el resultado de una perspectiva no-iluminada, de avidya o de la mente oscurecida.

Los sistemas de conocimiento orientales son multidimensionales, los conceptos se conectan entre sí y nos hablan de distintos niveles de comprensión, desde el cosmológico, cómo es el mundo y la realidad y qué lugar ocupamos en él, hasta lo más práctico referente a la psicología y la salud en el día a día.
En los Yoga Sutra II.3 y II.4, Patanjali señala que los obstaculos que impliden una percepción clara de la realidad son:

- la comprensión defectuosa (avidya)
- la confusión de valores
- el exceso de apego
- las aversiones irracionales
- el sentimiento de inseguridad

Siendo el primero, el orígen de los otros cuatro.

Acompañarnos a nosotros mismos a escuchar, a recibir el silencio, mantenernos en serena expectación, suavizar nuestros juicios y nuestras ideas preconcebidas, no dejarnos arrastrar por el flujo de la mente alterada y las llamadas de los sentidos; estimular la confianza en nosotros mismos, la fe, la voluntad y la intuición, son algunas de las cosas que podemos hacer para salir de avidya. Aunque vivimos dentro del tejido de Maya, somos también Purusha, el gran Espíritu.




viernes, 18 de mayo de 2018

Consciencia Primordial




Hay una verdad sobre la que el pensamiento y el sentir orbitan, como satélites tratando de captar una frecuencia olvidada. Esa verdad es tan evidente como escurridiza algunas veces y viste muchos nombres; emerge, se esconde, se racionaliza, se explica y se cree(a). En general la podemos llamar espíritu o consciencia.

Cuando empiezas a meditar reconoces los patrones de pensamiento, las imágenes, las emociones y las sensaciones que aparecen, pero, en seguida, se hace evidente algo más simple sin lo que todo lo demás no existiria: Eres consciente. Todos estos contenidos y fenómenos se dan en el marco de una interioridad, de un espacio que a veces llamamos presencia otras veces consciencia y que mantiene una relación especial con otro lugar, aun más misterioso, al que, desde las investigaciones de Freud a principios del siglo XX, llamamos inconsciente. 

¿Qué es ser consciente? En un sentido, poco más que una suerte de continuidad entre las imágenes y el diálogo interno, un hilo conductor; o quizá una fuerza que da significado y vida, que crea y atestigua simultáneamente.  Desde el pensamiento moderno en seguida  se nos aparecerá la idea del "yo", pues no concebimos consciencia sin ego, sin esta idea autoreferente. Pero se trata de un concepto algo problemàtico cuando abordamos la introspección, sobre todo cuando vamos un poco más allá de la pura racionalidad y juego de las ideas, que es lo que sucede en la práctica la meditación o cuando nos aproximamos a las filosofías antiguas, cuyo marco de referencia es muy otro. De hecho, algunos de los problemas más comunes con los que una persona educada bajo el canon de Occidente se encuentra es esta idea de ser un sujeto o "yo" separado del mundo. Este marco o paradigma, usando la terminología de Thomas Khun, es algo muy propio del pensamiento moderno, heredero de la revolución científica y el racionalismo cartesiano, pero no fue siempre así. Hubo un tiempo ancestral en que el ser humano concebía un mundo vivo y consciente en dónde fuerzas cargadas de intención y de significado (dioses, devas, espíritus, genios, aliados...) regían y acompañaban los acontecimientos, los ciclos y la vida tanto de la humanidad como de la naturaleza. De aquella visión del mundo hay todavía múltiples ejemplos en culturas en las que no ha habido ruptura con esta clase de conocimiento y movimientos que, tras la crisis que la revolución industrial y la cultura de masas supuso, buscan un retorno a un cosmos más lleno de sentido para vivir mejor. Y es que parte del interés que nos despierta la espiritualidad y las visiones orientales o indígenas tiene que ver con una necesidad de dar sentido a un mundo del que la propia razón nos ha apartado.




En la visión primordial o ancestral, el yo o sujeto forma parte del mundo participando del mismo, formando un contínuo de consciencia. La naturaleza tiene inteligencia y alma y las relaciones con la misma son a través del símbolo, la analogía y el ritual, formando parte de la realidad cotidiana. No hay ruptura entre uno mismo y el mundo y éste posee interioridad, no habiendo tampoco una escisión entre alma y cuerpo, mundo físico y mente. 
En contraposición, la visión moderna traza una línea clara entre el yo y el mundo. La consciencia pertenece únicamente al sujeto individual, que quedará como encerrado en su propia subjetividad; y el mundo, vacío de significado, se presenta como una colección de objetos con los que únicamente se puede mantener una relación instrumental, de uso.
Así es como se llega a situar al ser humano por encima de la naturaleza y los demás seres del mundo y se procede a una serie de relaciones de expolio y "falta de empatía" planetaria que nos ha conducido a múltiples desastres ecológicos, socioeconómicos y psicológicos.


La búsqueda espiritual que muchas personas iniciamos tiene mucho que ver con un anhelo de retorno a un cosmos más vivo y significante, volver a hacer del mundo un hogar. Tener un lugar, formar parte de un plan, una idea de destino, un objetivo, un propósito; hallar paz y equilibrio... Se expresa de muchísimas maneras, algunas más místicas, otras más mundanas, pero finalmente este impulso viene a querer mover esas paredes del yo en la que nos hemos encerrado desde hace siglos. Ese pacto recurrente que nos aísla y nos hace vivir la llamada "soledad existencial" y el anhelo de trascendencia parece que ya no pueda sostenerse mucho más. Miramos hacia atrás, hacia ése pensamiento ancestral y las sabidurías antiguas, para ir hacia adelante, para hacer coherente un Universo cada vez más mágico e infinito, un mundo que se polariza una sensibilidad que puede abrirse en todos y cada una de nosotros. La meditación es una puerta perfecta para ahondar en este amado desconocido, aunque seguro se abrirán muchas más  :)




viernes, 20 de abril de 2018

Los 5 KOSHAS o envolturas del ser






La anatomía sutil es la ciencia que surge de la observación del ser y describe los sistemas o capas que lo conforman, tanto a nivel físico como no físico. 

Todas las tradiciones contemplativas, así como las medicinas tradicionales de muchísimas culturas, tratan y entienden el cuerpo no meramente como un objeto en el mundo, sino como un conjunto de sistemas en relación con el entorno y entre sí a través de complejas redes de intercambio energético. El descubrimiento de estos sistemas es fruto de un trabajo colectivo, tanto de la introspección e investigación de practicantes de la ciencia contemplativa (meditadores y meditadoras, chamanas, heremitas, etc.) como de la observación del mundo y de los "cuerpos externos" a uno mismo por parte de sanadores y sanadoras, artistas y hombres y mujeres de conocimiento. 
Resulta asombrosa la coincidencia de las descripciones de esta anatomía sutil en todas las culturas. Muchas describen meridianos o canales de energía conectados a los órganos, como en la Medicina Tradicional China o el Ayurveda, y capas o cuerpos de energía o elementos más sutiles que se sobreponen y amplian la dimensión física del yo.



En el caso del Yoga, la anatomía sutil describe también la vía de realización o evolución del ser, desde lo más denso a lo menos denso. Se describen 5 KOSHAS o envolturas principales:


ANNAMAYA KOSHA: Literalmente és el cuerpo conformado por los alimentos, es decir, el cuerpo físico denso. En la práctica del yoga, esta dimensión corresponde sobre todo a ASANA (posturas y encadenamientos).

PRANAMAYA KOSHA: El cuerpo de PRANA o energía vital. Podría equipararse al campo electromagnético y se ve muy influenciado por cómo nos sentimos. En el yoga se trabaja específicamente a través de los PRANAYAMA o ejercicios de control y dirección de la energía (a través de la respiración, los mudras, etc.).


MANOMAYA KOSHA: És el también llamado cuerpo mental inferior (o cuerpo astral), formado por las emociones y los pensamientos espontaneos. Se trabaja a través de las primeras fases de la meditación, que entrenan la atención, interiorización o DHARANA.

VIJÑANAMAYA KOSHA: És el cuerpo mental superior o del discernimiento, formado por los pensamientos elevados, la capacidad de discernir, evaluar e integrar conocimiento. Corresponde al siguiente nivel de la meditación, una vez interiorizada la atención: DHYANA o concentración.

ANANDAMAYA KOSHA: Se le llama cuerpo causal, porque es la causa de las demás envolturas. En esta dimensión no existen tiempo, espacio ni individualidad. És el cuerpo de la dicha llamada ANANDA. A través de la práctica meditativa, el yogui llega al estado de SAMADHI. En este estado, que es como un destello de luz, desaparecen todos los límites.

El camino del yoga describe un proceso evolutivo a través de todos los niveles de los koshas. El yogui se va liberando de las limitaciones de las envolturas hasta alcanzar el cuerpo causal, donde se verifica la unión de la consciencia individual con la consciencia cósmica PARAMATMAN.

Lo que resulta muy interesante de ésta y otras visiones, es que cuerpo y espíritu se integran i se trabajan simultáneamente, como una sola cosa, pues se trata únicamente de ir profundizando en uno mismo, en todas las dimensiones, sin negar, excluir u ocultar ninguna. 
El cuerpo es el templo, con la práctica abrimos la puerta y allí, al fondo, iluminado, te espera tu altar a lo desconocido, a lo divino de tí mismo.

Feliz práctica :)







miércoles, 11 de abril de 2018

La meditación VIPASSANA, Descartes, Galileo y Buda




La meditación Vipassana es una de las técnicas o aproximaciones a la meditación orientales más conocidas en occidente. Fue popularizada por S.N. Goenka, un industrial y líder comunitario birmano que tras, introducirse en la técnica y curarse de las terribles migrañas que sufría, creó una red internacional de centros de enseñanza con base en Bombay. En estos centros se proponen programas de diez días de inmersión en la técnica, con unas diez horas de meditación diarias. Goenka fue criado hinduista, aunque el Vipasana nos llega, sobre todo, de la línea theravada del budismo. Sin embargo, como cualquier técnica meditativa y de autoconocimiento, especialmente dentro dentro del marco budista, es compatible con cualquier credo, o con la ausencia del mismo.
Se dice que fue Buda mismo quien promulgó este sistema, aunque sus raíces son incluso muy anteriores. Debido a su sencillez es de muy fàcil acceso, però por su profundidad y por los cambios asombrosos que puede producir en la mente, puede resultar dura y desconcertante, sobre todo para los occidentales. Insisto en esto porque, lo que choca de muchas prácticas espirituales que nos llegan desde oriente es que llegan con una serie de conceptos que se dan de bruces con nuestros marcos de referencia. Un caso muy claro es la distinción cuerpo/mente; otro, la existencia de algo llamado "yo" o ego.
Producto de nuestra historia y herencia de los grandes pensadores de la modernidad, nuestro sistema de creencias supone una escisión radical entre el mundo espiritual y el mundo material. Algunos creeràn que uno es producto del otro, o que uno de los dos no existe, pero, definitivamente, los concebimos como separados. Tenemos esa manía de engrandecer tanto las cosas, que nos quedan lejos. Eso nos pasó con Dios y no sería extraño que nos llegara a pasar con la ciencia misma. 
Galileo Galilei, que fue una de las mentes más brillantes de Europa y uno de los hombres que dieron a luz a la ciencia moderna era una persona profundamente religiosa. El Dios cristiano era en su tiempo muy poderoso y la jerarquía de la iglesia y los debenires políticos lo alejaban de la vivencia y las experiencias del pueblo. Filosofo y naturalista nato, Galileo decidió aproximar-se a Dios de la única manera que creía poder tener una experiencia directa del mismo; a través del estudio de sus creaciones. La insondabilidad de la inteligencia divina sólo era de algún modo accesible al hombre a través de los fenómenos naturales, pero en este esfuerzo por fijar la atención sólo en esta parte que podemos captar con los cinco sentidos (y en especial con la vista y el oído), se perdió la conexión con la dimensión creativa de lo divino (podríamos decir que con el principio femenino). El paso siguiente ya estaba prácticamente dado: la secularización del conocimiento. A partir del entonces la ciencia iría cada vez más por su cuenta, desarrollándose a parte de la filosofía o de la teología, que antes le eran hermanas. Además, el desarrollo tecnológico enfocado a perfeccionar la observación y la adopción de metodologías propias convirtió a la ciencia en un compartimento estanco. Sin la nutrición necesaria proveniente del asombro y la observación del mundo natural, la espiritualidad en occidente empezó a pasar sed y a ensombrecerse. Hoy, enriquecida con las visiones que nos llegan de oriente y alimentada por necesidades y búsquedas fruto de la industrialización y la sociedad de masas el panorama es algo más complejo, pero...¿Seremos capaces de saltar ese vacío? 
El punto de vista budista se encuentra en un lugar completamente distinto, de hecho, puede decirse que parte del vacío y se dirige al vacío. Es una pregunta abierta. Así como en occidente Descartes es el gran pensador que usa la duda como método y, tras establecer que no puede fiarse únicamente de los sentidos; que nada puede asegurarle que lo que él llama realidad no es más que un sueño, y que podría ser todo la creación de un dios o un "genio maligno" tratando de engañarle, llega a la famosa conclusión de que lo único que puede saber con certeza es que duda; es decir, que piensa y, por consiguiente, que existe. Es el famoso cogito ergo sum (pienso luego existo) cartesiano que transformó  el pensamiento europeo y que contribuyó a engrandecer la brecha entre el mundo interno (res cogitans) y el mundo externo (res extensa). Y una cosa más, ¿de dónde saca Descartes al pensador? En su formulación está implícito: YO pienso, luego YO existo, tiene que haber un pensador. 
En el budismo y en especial en el Vipasana la pregunta se abre sin ninguna hipótesis previa. No parte de la idea de que va a observar la mente como si ésta fuera algo separado del cuerpo, o algo separado de Dios o del Universo, o de nada. No parte de ningunta idea, de ninguna suposición. Es lo que Alan Wallace llama una ciencia contemplativa. En vez de observar únicamente los objetos exteriores como tales (es decir, suponiendo que realmente existe un mundo afuera lleno de estos objetos que son los únicos observables), parte de la observación del mundo perceptivo, lo que aquí llamaríamos introspección. Observando qué sucede desde dentro la verdadera naturaleza de las cosas irá revelándose por sí misma. Es un proceso largo, de años o vidas, o puede que en un instante el meditador tenga un destello de Verdad, el samadhi, pero a lo que nos conduce esta observación en forma de pregunta abierta es a darnos cuenta de la impermanencia de las cosas; del flujo de la Consciencia y del Vacío (Sunya) del que todo surje y al que todo va a parar. No aparece nada que se asemeje a un "yo" e incluso cuerpo, espacio y tiempo se desdibujan a través de la experiencia. Brilla entonces la realidad pura de que todo es Consciencia.

Para más información sobre meditación Vipasana y retiros puedes consultar:


Aquí te dejo una charla muy interesante de Alan Wallace hablando de Vipasana y la ciencia moderna:



Y una relajación/meditación guiada basada en Vipassana por si quieres iniciarte en la práctica:





martes, 27 de marzo de 2018

TAPAS: austeridad y poder personal


 Tapas es un aspecto clave de la vida del yogui, pero aquí en occidente tiende a no prestársele demasiada, o ninguna atención, pues representa lo contrario a lo que nos resulta cómodo y asociamos con el bienestar, ya que podría traducirse como sacrificio o austeridad. No obstante, sin esta idea, lo que el yoga es en realidad se desdibuja. 
Muchos profesores y profesoras de yoga lo repetimos, el yoga no es una gimnasia, aunque incluya ejercicios físicos, el yoga es un camino espiritual y, quien se ha adentrado por este tipo de sendas sabe que no todo el tiempo son caminos de rosas y que implican compromiso, riesgo, voluntad y estar dispuesto a destruïrse a uno mismo y a volverse a construïr infinitas veces. Un verdadero yogui o yoguini es un guerrero, el camino le exige los pies en la tierra, la cabeza en el cielo, fluidez en el alma y fuego en el estómago.
Y es que tapas es también el fuego (de ahí que se lo relacione con el sacrificio, pues ambas cosas van juntas en la tradición india) y se sitúa en la zona del estómago-abdomen. Allí es donde, según el ayurveda y la mayoría de las tradiciones orientales ,se encuentra este elemento, el fuego digestivo que transforma los alimentos, la chispa que enciende el movimiento, el ki o energía vital, el fuego de la voluntad, de la transformación. En un nivel fisiológico es donde lo que tomamos del mundo es procesado y transformado en una sustancia asimilable, siendo eliminado lo que no es necesario, en el proceso que constituye la nutrición, nuestra más primaria relación con el mundo.
En otro nivel, tapas es ése fuego purificador donde podemos echar todo aquéllo que deseamos transmutar: pensamientos, hábitos, tendencias, carácteres, historias que nos contamos, creencias, límites etc. Finalmente aquéllo que se ofrece en sacrificio es siempre el ego; la renuncia más grande del yogui no es el mundo sino el yo.

Hay muchas prácticas del yoga dirigidas a avivar este fuego interno mediante respiraciones intensas, asana, pranayama, mudra, ejercicios de concentración (dharana), pero también podríamos incluïr otras prácticas como el ayuno o la inmovilidad rigurosa durante horas o días, o el sometimiento a determinadas pruebas o ejercicios espirituales algo más esotéricos. Tapas puede resultarnos chocante desde fuera al nivel de algunos yoguis que desde nuestro imaginario serían faquires. Ellos son los que dedican su vida a tapas y, según la creencia tradicional, adquieren grandes poderes o siddhis (tales como la levitación, la clarividencia o el control absoluto de las funciones vitales) a base de hacer grandes sacrificios. A occcidente le repele esta idea, pero al igual que en la India, también aquí muchas personas ofrecían y ofrecen sacrificios y se sometían austeridades en fechas señaladas por el calendario religioso para conseguir el favor de dioses y santos, o para limpiarse de sus malas acciones. Este concepto de limpieza es algo muy distinto a la penitencia, por eso es algo que nos cuesta de entender. Tener un mal pensamiento, sostener un hábito que sabes que és perjudicial para tí o para otros, llevar una vida desarmónica con tus ideales o tu manera de pensar, son cargas y responsabilidades, pero no algo por lo que debas culparte o hacerte pequeño. Ése es el legado de un uso del cristianismo orientado a la dominación del pueblo. Tapas representa lo contrario, el poder personal que tiene el individuo sobre su propia vida, representa la liberación. Al ofrecer a tu fuego interno tu antiguo yo, pues al final, todo lo que se ofrece a este fuego de sacrificio, como hemos dicho, forma parte del ego, te haces un bien a tí mismo y le hacer un bien al mundo. Te refinas, te pules como diamante para brillar con tu propia luz. Es un proceso de eliminar para iluminar. La culpa no tiene ningún lugar en ello, tampoco la idea de bien o mal, el juicio o la comparación. La devoción que requiere tapas es únicamente hacia la Vida, y la vida acoge gozosa cualquier cosa que le ofrezcas en sacrificio, por difícil, dolorosa, pequeña, corrupta, infame o ridícula que te parezca. El fuego es neutro, no juzga, el fuego es únicamente poder. Es maravilloso, en la práctica, ofrecer nuestras antiguas identificaciones, los patrones de comportamiento o las ideas que nos hacían sufrir y es cierto que requiere esfuerzo y entrega, pero las recompensas son enormes desde el momento en el que te enfocas, te conectas con lo que verdaderamente eres y reunes toda tu energía para darte a luz a tí misma, contínuamente.








sábado, 9 de septiembre de 2017

La entrega


Es increíble la cantidad de pensamientos que podemos tener a cada minuto, hasta sentir que tenemos un hormiguero de incesante actividad en nuestro interior. La mayoría de personas reconocemos que son demasiados, que necesitamos parar, y muchos buscamos la manera de calmar esta ir y venir a través de técnicas, disciplinas o ejercicios que nos ayudan a darnos espacio y no vernos arrollados por este rumiar constante. 
Cuando el flujo de los pensamientos va muy rápido se vuelve cada vez más negativo y repetitivo y aparece lo que llamamos ansiedad. Con este cuadro, o sin él, es posible que haya enfermedades o trastornos físicos asociados a un estado de "demasiada actividad" mental, contracturas, problemas gástricos, migrañas, alergias... Pero sea que recurramos al yoga, a las terapias, al deporte o a la meditación hay una pregunta muy simple que debes formularte primero: 

¿Estas dispuest@ a dejar ir?

Pues de eso se trata todo, de vaciar, de dejar ir, pero sobre todo de entregar. ¿Porqué entregar? Porque la entrega es libertad y porque es activa, es una intención, una alineación con lo que está más allá de la mente. Entrega es aceptación y la aceptación es el primer paso más allá del límite. Para crearte una sensación de seguridad has escogido unos límites basados en patrones conocidos, en memorias adquiridas, pero igualmente puedes escoger dejar estos límites desde ahora y vivir cada vez con menos cadenas.

Tanto los textos clásicos como los contemporáneos de la filosofía y de la espiritualidad de todas las tradiciones, a menudo se refieren a estados de plenitud que en realidad son y empiezan con estados de vacío. Te vas vaciando de la actividad de la mente hasta que, en la quietud, te vacías del cuerpo y hasta de ése conjunto de sensaciones que llamabas "yo". Entonces sólo queda lo Real; Dios, tu Yo Superior, Sunyata o Samadhi... Requiere coraje y determinación, pero las ganancias son inmensas, desde la simple alineación con tu propósito.

¿Cómo hacerlo? David R. Hawkins en su libro Dejar Ir propone una técnica muy sencilla basada en una visión muy clara de lo que son los pensamientos y los sentimientos. Antes que nada debes permitirte observar sin juicio, a modo de experimento, tus propios pensamientos. Detrás de cada uno de ellos verás que hay siempre un sentimiento asociado. De hecho, para cada sentimiento generamos miles (o millones!) de pensamientos, sobre todo a partir de los que son más intensos (que no suelen ser los más conscientes o evidentes). Una vez reconocida esa emoción o sentimiento, permítete sentir-la plenamente, dale espacio y suéltala, entrégala con tu intención focalizada; porque no necesitas ni eres eso, porque tu camino es liberarte, porque te sentirás mejor y sanarás. 
Se paciente y confía, una vez liberado el sentimiento pueden pasar cosas asombrosas, pero lo más inmediato es que tu mente estará en calma, los pensamientos ya no acudirán sin cesar como una irritación de la mente, los llamarás cuando tu quieras, cuando sean necesarios.

Ahí empieza el camino de la entrega, soltando la negatividad para vivir en el gozo. Pero aun puedes ir mucho más lejos en la experiencia si te permites contemplar la verdadera naturaleza de las emociones, de las sensaciones, del cuerpo... Todo ello puede ser entregado, liberado. Está en tu mano darte alas.

domingo, 14 de mayo de 2017

No hay contradicción



No hay contradicción entre las enseñanzas.

Este es un pensamiento feliz que nos saca de un marco de referencia común. 

¿Que tipo de yoga practicas? 

No importa.

En un mapa puede haber muchos caminos y muchos lugares a los que llegar, pero cuando el mapa y la meta son uno mismo, ¿Acaso es posible perderse? 

Casi todo el tiempo estamos disociados y proyectamos un lugar al que llegar, un "yo feliz", un "yo iluminado", un "no-yo", una comprensión, una fusión, una paz, un Dios, un Ser. Pues nos parecen escasos los momentos en los que hemos tocado y sentido esa meta, sea cual sea y la nostalgia o el deseo (que sí, se confunden y son la misma fuerza), nos empujan.

En "El gran tratado de los estadios en el camino a la iluminación", uno de los textos clásicos del budismo, Lama Tsongkapa señala que no hay contradicción entre las escuelas budistas Mahayana (gran vehículo) y Hinayana (pequeño vehículo). Ni siquiera la hay entre el Sutra (las enseñanzas canónicas) y el Tantra (las enseñanzas esotéricas o iniciadas). 
Los maestros no se contradicen, ni los del budismo ni los de ninguna otra tradición, y lo que para unos son puntos esenciales de la enseñanza, quizá para otros sean ramificaciones, pero todo es productivo en el camino al descubrimiento, donde el recuerdo y el misterio son lo mismo. 
Sea mediante la meditación, el estudio o la práctica, los momentos de comprensión, los pequeños éxtasis, los insights se sienten tanto como un retorno al hogar como una revelación de lo ominoso, dependiendo de lo que tú verdaderamente quieras sentir.

Por eso, no importa que tipo de yoga practicas, si es el yoga tu camino, si pides a un Dios en los cielos, a la Madre Tierra o a tu corazón. Importa tomar la enseñanza como lo que es, alimento para el alma, para esa parte de nosotr@s mismos que sabe a dónde va.


¡Feliz práctica!


lunes, 11 de febrero de 2013

Danzar con atención



 “Si prestamos atención a las voces del sueño, las imágenes, los cuentos –sobre todo, los de nuestra vida-, nuestro arte, a las personas que nos han precedido y nos prestamos atención las unas a las otras, algo recibiremos, incluso varios algos que serán ritos psicológicos personales y nos servirán para consolidar esta fase del proceso.”

Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos


La atención es el mayor regalo que uno puede recibir y el mayor bien que uno tiene para dar. En la capacidad de prestar atención, de dirigir la propia energía, está uno de los mayores poderes del alma y es por eso que, desde tiempos inmemoriales, los mecanismos de represión y dominación social y cultural se han centrado en la dispersión de la atención con el fin de subyugarla. Esto sucede también al nivel individual en el interior de la mente. Cada cual tiene sus mecanismos disuasorios y sus excusas para no prestar atención y, lo más grave, para no prestarse atención. Si cedemos a estos mecanismos, sean propios o inflingidos, podemos vivir mucho tiempo únicamente en el plano “superficial”, el de las velocidades rápidas y los estímulos inmediatos (deseo-aversión) que a menudo arañan la piel del alma provocando sufrimiento.

Sin embargo, algo llama irremediablemente a la atención y la atrae hacia dentro; cuando esto sucede uno busca su espacio para hacer la maleta psíquica y emprender el camino, sea éste el de la práctica del yoga, de la meditación, del arte, de la investigación, de la devoción u otro.

Cuando la atención encuentra su objeto aclara todas las dudas y llena nuestro mundo de sentido.

Empezamos a prestarnos atención a nosotros mismos y entonces descubrimos las improntas, las voces, las narraciones y las imágenes que nos constituyen. Algunas proceden de tiempos muy lejanos y nos llegan desde las generaciones, otras son cuentos, narraciones y mitos arquetípicos, algunas son el tejido de nuestra infancia y las más cercanas la caricia de las personas que nos acompañan en el presente. Eso somos nosotros, eso es el alma cuando se la empieza a descubrir.

En este camino están la danza de la oración, la danza de la risa, la del escuchar, la de la medicina del alma, la danza del tiempo, de la lectura, del intelecto, de la intuición, de la poesía, la danza de la amistad, del correr y de los saltos, la danza de la pintura, de los paseos y, quizá la más poderosa de todas, la danza del silencio.

Danzando dejamos que la atención fluya y se expanda tanto hacia adentro como hacia fuera, comprendiendo que la danza es la danza y no tiene forma, y que dentro y fuera son lo mismo.


lunes, 4 de febrero de 2013

SO AHAM





Uno ya está establecido en el Sí Mismo. El único estado auténtico es el estado libre de pensamientos. La acción de establecerse en el Sí Mismo no existe. ¿Hay alguien que no esté percibiendo el Sí Mismo? ¿Hay alguien que niegue su propia existencia?  

Sri Ramana Maharshi




Lo que buscas ya está ahí, siempre ha estado y siempre estará. Porque lo que buscas es la eternidad, el infinito.
Eso no puede desaparecer, pues es precisamente la Presencia.
Es el lienzo sobre el que se pinta el Universo, el océano del cual las emociones, los pensamientos y los cuerpos son sólo remolinos y olas. Es la materia, el tejido, la energía y el movimiento.
Eso que buscas, eres Tú: tú eres el deseo y la satisfacción del deseo; tú eres su recuerdo, su muerte y su transformación.

Tú eres el Océano.
 
SO AHAM 

lunes, 7 de enero de 2013

La presencia del Absoluto



Todas las noches cerramos los ojos y el mundo se cierra con este mismo gesto. Se baja el telón y damos paso así a la experiencia cotidiana más cercana a la muerte. El teatro se irá vaciando, lentamente. 
Esta experiencia es el sueño profundo y reparador que ocurre durante las horas en que no soñamos, en las que la mente realmente descansa.


Tras este contacto con la desconocida oscuridad sin sueños, nos despertamos con energía renovada porque hemos bebido de la fuente original: cada noche tocamos el Absoluto, nos fundimos con él, sólo que de manera inconsciente y, al abrir los ojos, cuando la función vuelve a comenzar, olvidamos de dónde venimos.

Todas las enseñanzas antiguas dirigidas a la experiencia y comprensión del Absoluto, toda la mística y el yoga se dirigen, simplemente, a hacer de esta experiencia algo consciente y constituyente.
Se trata de no olvidar la Fuente, de sentir su fluir siempre presente, reconocer que esa energía-presencia-fuerza esta ahí, en nosotros, en todo momento. Esto es algo muy difícil y, a la vez, no hay nada más sencillo. Simplemente hacerlo, como cuando alguien te dice “se feliz” y, tal vez sólo durante un breve instante, comprendes que la felicidad trata precisamente de esto, de ser feliz, de dejarse ser feliz y no fijar la atención en las condiciones que le suponemos a la felicidad. Ella es incondicionada, como lo es la presencia de la que hablamos.

Tratar de comprender es un esfuerzo de la mente por ordenar y dar sentido, por encontrar el propio lugar, y esto está bien. Tratar de sentir, es un esfuerzo de la imaginación por proyectar una imagen en el cuerpo, imprimirle una huella y así producir una transformación, esto también está bien, forma parte de la Vida conociéndose a sí misma, experimentándose.
Añadir la presencia del Absoluto no es hacer algo distinto, pero es hacerlo de otro modo, hacerlo con paz porque simplemente se hace, se es. Esto es el yoga, la unión, pues entonces desaparece la diferencia entre la experiencia, el experimentador y el Absoluto y todo se revela como una Naturaleza única.

domingo, 2 de diciembre de 2012

A través de la consciencia sensorial




Como disciplina holística que es, el yoga integra todas las dimensiones del ser humano, desde la más material hasta la más sutil, teniendo mayor o menor incidencia en una u otra dependiendo de como enfoque cada uno su práctica.
Cierto es que hoy en día hay mucha oferta de clases de yoga donde el trabajo parece estar enfocado sobre todo al cuerpo físico, quedando en un segundo o tercer plano el que, según la tradición, es el verdadero objetivo de la práctica, a saber, la meditación; si bien también es verdad que está creciendo el interés y la necesidad de abrirse a la meditación en muchas personas, sean practicantes o no, de yoga.
Pero pasar de vivir bajo el dogma de la imagen de un mundo puramente físico en el que actuamos según ideas previas que nos motivan a esperar determinados resultados y a temer otros, un mundo de proyecciones mentales, la mayor de las cuales es la idea de una materia completamente inerte, a empezar a experimentar por nosotros mismos, no es cosa fácil. El desaliento será la norma si esperamos que aparezca alguna especie de revelación, si anhelamos algún tipo de respuesta que provenga del exterior brindándonos la comprensión y la dicha. El yoga empieza a comprenderse desde uno mismo y desde el modo como cada uno fluye en la experiencia. ¿Por dónde empezar?

Un buen lugar desde el que empezar es lo más inmediato, evidente y seguro: la experiencia sensorial. Fijar la atención en las propias percepciones no es difícil y si nos disponemos con una actitud abierta, descubriremos muchas cosas y nos hallaremos en el umbral de pratyajara, el estado de interiorización que es el primer paso a la meditación.
Cerrar los ojos y escuchar los diferentes sonidos que nos rodean, tratar de sentir la ropa sobre la piel y la temperatura del aire, de descubrir los límites del propio cuerpo sin acudir a ninguna imagen, a ningún recuerdo, fijarse en los olores, los sabores, en la luz… Toda esta información que nos llega por los diferentes canales del cuerpo normalmente es rápidamente cribada por la mente y la mayor parte nos pasa desapercibida. Contemplarla es una vía directa al momento presente, un primer paso que comparten muchas tradiciones y prácticas de meditación, entre las que se incluyen el ANTAR MOUNA o silencio interno, el Advaita o algunas de las prácticas del shivaísmo de Cachemira.

La atención sobre lo sensorial nos descubre el fluir de la experiencia, nos daremos  cuenta de que las sensaciones aparecen, cambian y desaparecen constantemente, fluyen y, ¿acaso no sucede lo mismo con los pensamientos?
Si persistimos en el ejercicio llegamos a percibir que hay algo que permanece y que es siempre igual, presente durante toda nuestra vida, a saber, la consciencia. En ese punto aparece el silencio y la mente descansa en él.



Propuesta de práctica: Primera fase de ANTAR MOUNA

Siéntate en una postura de meditación: siddhasana, sukhasana… También puedes realizar la práctica sentado en una silla o tumbado en shavasana. Cierra los ojos y acomoda tu cuerpo en la postura. Ajusta bien la posición hasta que la sientas firme y te permita permanecer en completa inmovilidad todo el tiempo que dure la práctica. La espalda muy derecha, pero sin rigidez ni tensión. La cabeza en equilibrio sobre el eje de la columna vertebral, sin inclinarla ni hacia delante ni hacia atrás. Los hombros y los brazos bien relajados. Las manos descansando sobre las rodillas en gñana o chin mudra. Puedes cantar el mantra Om tres veces… (pausa).
Ahora, durante unos segundos, observa todo el cuerpo en la postura. Luego, recorre mentalmente todo el cuerpo, comenzando por los pies y terminando en la cabeza. Pasea lentamente la atención por cada parte de tu cuerpo, relajando, aflojando cada músculo que encuentres a tu paso, sin que la postura pierda verticalidad ni firmeza… (pausa).

Toma consciencia de las percepciones táctiles… Siente todos los puntos de tu cuerpo que están en contacto con el suelo… Nota el cuerpo muy bien adaptado, arraigado, enraizado en el suelo… (pausa). Sin hacer ningún juicio o valoración observa las sensaciones del contacto de la ropa sobre tu piel. Nota dónde ejerce mayor presión… Siente cualquier objeto que lleves en contacto con la piel… Percibe la temperatura ambiente… (pausa).

Ahora toma consciencia de todos los sonidos que provienen del mundo exterior. Escucha globalmente todos los sonidos, permaneciendo como un mero espectador, sin enjuiciar, sin hacer ninguna valoración. Observa todos los sonidos globalmente, sin mostrar preferencia por ninguno, sin analizar sus cualidades, origen, etc.… simplemente escucha… (pausa). Mantén la consciencia testigo, aunque en estos primeros momentos sólo serán ráfagas o destellos de consciencia testigo… Es normal que de cuando en cuando te identifiques con los sonidos y te sorprendas catalogándolos o reaccionando emocionalmente. No importa, acepta todo lo que suceda y observa… Una y otra vez reafirma tu actitud de testigo, sin reaccionar mental o emocionalmente, sin adherirte. Mantente interiormente al margen, desidentificado. Date cuenta que el fenómeno de la audición sucede entre el objeto que emite el sonido y el órgano de la audición que lo capta. Tú permanecen como un observador inafectado, desidentificado… (pausa).
Toma consciencia de todos los sonidos que puedas percibir: desde los más burdos a los más sutiles, desde los más cercanos a los más lejanos. Sin oponerles ninguna resistencia, ábrete a ellos y deja que pasen a través de ti, que te traspasen… (pausa). Observa globalmente todos los sonidos.
Ahora deja que tu atención se mueva de un sonido a otro y así sucesivamente. Eliges un sonido, lo escuchas un momento y luego saltas hasta otro sonido que llame tu atención, y así sucesivamente… (pausa). Ahora vuelve a escuchar todos los sonidos globalmente, sin elegir ninguno. Siéntete inmerso en el océano de sonidos que te rodea. Aunque te lleguen algunos sonidos con más fuerza, no les prestes una atención especial, continúa escuchando la totalidad del entorno y permite que te sucedan… (pausa larga).

Observa el flujo respiratorio en las fosas nasales sin esperar nada, sin querer provocar nada, pero permaneciendo muy atento, alerta, abierto a lo que pueda suceder… (pausa larga).

Extraído de Claves del Yoga, de Danilo Hernández.

lunes, 8 de octubre de 2012

Detener la mente, sumergirse y mirar





La mente es el resultado del pasado. Toda actividad mental tiene sus raíces en el pasado. La verdad, o la realidad, o la vida, es una cosa móvil, una cosa viva, que es fresca a cada instante, que es nueva a cada instante. Y moverse con ella, entrar en el libre movimiento de la vida –el cual es libertad, el cual es mutación- es algo que no puede alcanzarse a través de una acción de la mente.

Vimala Thakar, ¿Qué es la mutación de la mente?


No se trata de hacer nada; de cambiar nada; de conseguir nada…
La mente es un mecanismo muy bello y complejo dirigido a la acción. Ella funciona siempre en base a la comparación con lo conocido, es decir, en base a la memoria, al pasado: con una velocidad vertiginosa, trae al presente las palabras, las imágenes ya oídas o vistas, lo ya realizado, y trata de encajarlo en el presente para actuar de forma correcta. ¿Pero cuál es la forma correcta para la mente?
Parece que la mente hoy en día sea más conservadora que nunca, parece que esté realmente asustada. Es quizá por esta sobreabundancia de estímulos, de exigencias del mundo industrializado, que la mente se encuentra especialmente agitada, que no encuentra fácilmente la calma, y acude corriendo a los viejos hábitos.
Es por esta referencia constante al pasado, a lo que ya no es porque ya ha sido que a la mente siempre se le escapa la vida, pues la vida es el puro movimiento afirmativo del presente. Todo es completamente nuevo a cada instante.

Lo más asombroso y liberador para la mente es la percepción de que también el yo, el observador, es completamente nuevo a cada instante, de que la identidad es una idea-lastre de la cual es posible desprenderse para mirar desde la simplicidad del estar sumergido en el presente. Aquí empieza el yoga, tal y como lo enuncia el primer sutra de los Yoga Sutra de Patanjali (el más clásico y sistemático tratado sobre yoga):

atha yoganusasanam

Ahora es el yoga.

Yoga es sumergirse en la vida, en el movimiento siempre presente, sin tratar de detenerlo. Y la meditación es precisamente este contacto directo y libre con la vida que se produce cuando la mente está en silencio.